De manera muy casual. Así fue cómo di con ella. Un día estaba conectado y hablando de tantas cosas que ahora no recuerdo, vi un enlace que me condujo a una historia que hasta hace unos meses, incluso días, no había acabado para mí.
Hoy he vuelto a escribir la dirección, me he dirigido a ella como quien camina por una calle en medio de la noche y he hallado un rincón vacío, en el lugar en el que se supone que tendría que encontrar toda una vida en palabras e imágenes.
Por respeto no enlazo al blog en cuestión y me limito a recordar a esa persona que una vez fue mi confidente, a quien le entregué parte de mi corazón y que con el tiempo ha sido la que ha ido entregando el suyo a base de historias desgarradas que no sólo le cambiaron a ella, sino a mí.
Sé muy bien los motivos de que su bitácora sea un espacio en el que ya no hay sueños o en el que, quizás, nunca los hubo. Sin embargo, no los digo directamente y me conformo con plasmar, de manera abstracta, algunas ideas. Hoy esbozo recuerdos para que, quien sea valiente y sepa indagar por archivos perdidos, los una y reviva por mí esta historia que mató el tiempo y la injusticia de la carne.
Sólo quiero decirte que, pese a que me hiciste llorar, vale mas las cosas que vivimos y compartimos como amigos, siempre habrá una persona que te recuerde, desee que estés bien y quiera que seas feliz. Espero que la vida te devuelva al lugar en el que nos conocimos y que para entonces seas una nueva persona. Hasta siempre, amiga...
martes, 20 de enero de 2009
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