jueves, 19 de marzo de 2009

¡Que se enamore ella!

Tanto cuesta que no puedo pagarlo. Que cuando uno se enamora ha de pagar un alto precio y anda escasito…, que ya ha desperdiciado mucho el tiempo, empeñadas demasiadas ganancias por alcanzar un sueño, por obtener el amor de esa mujer que se desea demasiado en la vida.

Así que, esta vez no. ¡Que no, que no y que no! ¡Que no me enamoro más! ¿Para qué? ¿Para desearla tanto que no pueda con mi vida ni yo mismo? ¿Para tener más fracasos que sueños cumplidos? ¡Que no, que no y que no!

Está bien, que sí, que soy una personita débil e inocente. Soy de aquellos que se van dejando la piel en las esquinas y espera a que una mujer con cara de ángel venga y se la devuelva, que lo haga con un sonrisa…Eso se acabó.

Mi corazón es ahora como un estropajo. Se encuentra carcomido por la humedad. Es como una pared a la que se le cae la pintura. Es un descanso de la propia vida. La existencia no quiere que este corazón, que guardo en el pecho, lata con fuerza. Uno llega a convencerse…Sí, yo es que ya lo creo así.

Porque el fallo que este mortal comete de vez en cuando es poner la palabra por delante del cerebro y el corazón por encima de la razón. sí, sé que lo piensas…¡soy
un avión. Me dirijo en picado hacia sus ojos, después apunto a su boca –una boca que no “es suya y mía”, y luego me choco contra mi propia razón, tras haber tenido que volver a mí mismo al no conseguir el objetivo.

Por eso mismo. ¡Que no, que no y que no! ¿Qué yo me enamoro? ¡Anda ya! ¡Que se enamore ella! Que sea tan loca de venir y besar esta boca por la que a veces se me sale el corazón por ir tras ella. Que no tenga miedo. Que me mire a los ojos y vea lo que siento. Que me diga que es ella la que no puede vivir sin mí. Que me perdone por querer conquistar la geografía de su cuerpo, que es aquella en la que se encuentra esa sonrisa que tanto, que tanto y tanto, tanto…me vuelve loco. Pues sí. He enloquecido, pero eso sí, ¡que se enamore ella!

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